Arma de doble filo – Trabajar con amigos o familiares

Cuando te propones crecer es natural buscar ayuda, ya que un camino acompañado se hace ameno, pero también tendrás que regular el ritmo no solo a tus pasos, sino al del acompañante, algo que puede hacer que te asfixies, de ahí el motivo de que escribiera este capítulo.

A mi lado han pasado grandes amigos pero malos compañeros de trabajo, y no lo digo como reproche, ellos hicieron lo mejor, pero está claro que si quieres crecer no puedes tirar de alguien con menos conocimientos que tú, al menos no al principio.

Cuando se empieza los recursos de los que disponemos suelen ser escasos, no solo económicos, también nuestros contactos son un valioso recurso que muchas veces pasamos por alto y que no explotamos, pero ahora voy a hablar de la liquidez y como comentaba, de los “compañeros de trabajo”

¿Cuántos no habrán pensado buscar a algún aprendiz del cual sacar parte del trabajo “tedioso” que nos roba excesivo tiempo para ponernos a realizar tareas que nos proporcionan más beneficio? Esto que planteo no es una broma, he caído muchas veces en este arma de doble filo. El formar una persona consume recursos, pero ¿realmente merece la pena el coste?¿Cuánto tardará en irse esa persona por falta de remunerar sus horas de “formación”?

Trabajar con amigos

Demasiada confianza puede ser un problema

Está claro que si buscamos a alguien cercano para que nos eche una mano, buscamos también un bajo coste de producción, a cambio de esos conocimientos que puedes proporcionarle. El problema radica que el tiempo que dedicas a formar en una tarea que consideras sencilla, para una persona ajena pueden ser semanas de dudas que convertidas en horas desaprovechadas de producción propia, al final puede ser una carga más que la panacea que tanto anhelabas.

Es por eso que lo mejor es buscar a alguien competente con quien crear alguna asociación, ya no vale el “yo me lo guiso, yo me lo como” si queremos crecer y con capacidad, tenemos que elegir adecuadamente a la persona y sobre todo acrecentar nuestras dotes negociadoras que tanto nos van a ayudar a desarrollarnos en el emprendimiento.

Para terminar, decir que puede darse el caso de encontrar alguien con las aptitudes y sobre todo la actitud para soportar una formación inicial y que en el tiempo consigáis el equilibrio, por un lado, un aprendiz formado con las calidades necesarias y por otro el ansiado compañero en el que delegar el trabajo que no puedas o ya te resulte tedioso.

De ese tipo trabajo hablaremos más adelante. Del por qué nos aburrimos 😉

Fotografía encontrada en clientesmalos.com

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